A manera de prólogo




15 de febrero de 2019

Oh, Lord, please don't let me be misunderstood.



Hoy no es un día especial. Hoy, simplemente, es el día en que, después de tantas pensadas y despensadas (crear palabras es una de las ventajas de las mass media), he retomado el acto de escribir en una plataforma como esta. He medio empezado de cero: he cambiado el nombre, los títulos, el tema, el enlace y he borrado casi todos los artículos. Es otro blog. Digo «casi todos» porque he dejado uno que tenía cierto valor sentimental para mí, pese a la mala escritura. 
Una de las ventajas de abandonar este «lugar» por tantos años es la certeza de que nadie leerá esto. Lo que hace más cómoda y ligera la escritura. Pensar en el lector modelo de un escrito es una de las cosas que más le rompe la cabeza a cualquiera frente a un teclado. Pensar en el qué dirán, en su juicio, en si provoca placer o rechazo, en cuántos lectores hay, en si somos citados o compartidos, todo ello es una tortura para cualquiera. Aún más en tiempos de influencers
Sin embargo, pese a lo dicho, escribimos pensando en que alguien nos lee. De algún modo, esa creencia hace que el texto exista. Un escrito sin lector no existe. Pero esa es una reflexión para otro día.
Hace un tiempo atrás, después de compartir por vez última a Galimatías..., le comenté a alguien muy cercano sobre querer retomar este espacio. Escribir desde cero. Digo «desde cero» porque esto como un retomar el andar después de una larga siesta o un largo coma.  Convencida por esa y otras charlas (conmigo también), presiono las teclas con poca pericia.
Así que sí, hoy no es un día especial. No es una fecha cabalística ni mucho menos, pero sí es un «al fin». 
Un al fin a tener el nuevo nombre, el nuevo lema, todo. Y no ha sido una tarea fácil. Pensar en el nuevo nombre ha sido una tarea de casi dos días y tal vez un poco más, porque es una de las principales razones por las que he prolongado todo esto. 
En 2011 o 2012, cuando creé el primer blog, pensé en el nombre más snob posible. Pensé en lo más denso y «literario» que se me pudiera ocurrir. Contrario a ese entonces, he tratado de imaginar uno con el mejor sentido para mí sin demasiadas pretensiones. Curiosamente, pensar en un nombre así ha sido una tarea aún más difícil que la anterior.
Esto es, tal como lo dice el título de la entrada, un intento de prólogo. Un intento de retornar a crear palabras. Sí, aún no encuentro el camino correcto y han pasado siete años. Y también es cierto que la persona de antes no llegaba a los veinte y ahora, en cambio, ya estoy en la segunda mitad de los grandes dos.
He aprendido, ganado y perdido cosas en el camino desde entonces. Me he conocido más a mí misma y a los errores que cometí (y a los que sigo cometiendo). He cambiado. He replanteado mi feminismo y he entendido que soy una feminista en formación todavía. He abrazado nuevos y antiguos afectos, pero también descuidé otros. 
Hoy hay promesas de salchipapas, de peleas de tigres contra pandas, de tardes viendo a Jorgito, de madrugadas cantando lo que sea que pongan los vecinos, mientras un libro se va formando en este aprendizaje de editora. 
Quisiera crear algo más «literario», pero esto es casi como un volver a andar. Es muy probable que siga a gatas por mucho tiempo. Pero son las ventajas de no ser leída.


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